sábado, 6 de julio de 2013

Jóvenes Profesionales Argentinos en Brasil: "Todos dejamos un pedacito de nuestro corazón en la frontera"

Lucía Acuña
Lucía Acuña nació en Oberá, provincia de Misiones, Argentina, un 17 de febrero de 1984.
Realizó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional Amadeo Bonpland. Luego se radicó en la ciudad de  Posadas donde empezaría a transitar los complejos caminos de “Licenciatura en Genética”, carrera que cursó en la Facultad de Ciencias Exactas, Químicas y Naturales dependiente de la Universidad Nacional de Misiones.
Se recibió en 2011. En ese mismo año y ya trabajando para el “Parque Tecnológico Misiones”, se presentó en un concurso del “Instituto Italoamericano”. Éste, anualmente,  realiza una convocatoria orientada a profesionales latinoamericanos. Lucía buscó un tutor, escribió su proyecto y se postuló. El resultado de su esfuerzo se materializó en una beca por 4 meses en Italia, trabajando en uno de los mejores institutos en ingeniería de tejidos.
Volvió a su país, con el deseo de poder aplicar todo lo que había aprendido en el exterior. Intentó hacer contacto con investigadores para llevar adelante su proyecto, pero descubrió que nadie en Argentina trabajaba con esos materiales. Nadie podía dirigirla.
Lucía no bajó los brazos. Consiguió que su tutora de Italia le salga como directora para presentarse en el  Conicet, sin embargo, cuestiones burocráticas le impidieron siquiera entrar a concurso.
Esperó conseguir resultados hasta Noviembre de 2012, mientras trabajaba como profesora de biología en un colegio secundario ya que no tenía beca para llevar adelante su investigación. Fue en ese momento en que se planteó firmemente la posibilidad de buscar afuera, el apoyo que no encontraba en su tierra.

¿Cómo llegas a Brasil?

“¿Brasil? Todavía me pregunto qué hago acá, ja. Nunca se me había cruzado por la cabeza. Una amiga, estaba haciendo en Florianópolis, la Maestría en Biología Celular y Desarrollo. Ella me comentó que se estaba lanzando una convocatoria para ingresar al Laboratorio de Genética del Comportamiento de la UFSC. Asique, decidí escribirles y enseguida me puse en contacto con quien hoy es mi orientador. Empezamos a hablar de las líneas de investigación y me encantó, porque ellos hacen un abordaje biológico del comportamiento, la mezcla perfecta entre psicología y biología. Era todo lo que deseaba, asique me puse a estudiar para la prueba de selección. Rendí una evaluación escrita de conocimientos generales del idioma más una de comprensión de texto de inglés a portugués. También tuve una entrevista”. Para el 30 de Enero de este año, ya estaba en Brasil”.

¿Cómo te interesaste por la genética?

“En realidad, debo reconocer que no estaba dentro de mis planes. Yo quería estudiar psicología (es más, algún día estudiaré), pero en ese momento lo más cercano era la Universidad Nacional de Rosario y por cuestiones económicas no podía trasladarme hasta allí. Corría el año 2001 y la situación era realmente complicada. Sin embargo yo sabía que quería ser una profesional.  Con los números no me llevaba muy bien y la historia, geografía y demás ramas de las ciencias sociales no me atraían. Entonces de pronto, encontré la genética, que sonaba una carrera prometedora, una cosa futurista. Imaginate, estaba todo el auge del genoma humano, era LA CARRERA del momento y por eso la elegí, quizás sin saber dónde me metía, ja”.

Y cuando la empezaste a conocer ¿Resultó lo que esperabas?

“La verdad que los primeros años fueron difíciles, porque como todas las carreras tenía materias complejas, de las que, en su momento, uno se preguntaba ¿Para que vemos esto? Pero cuando avanzas te das cuenta que todo tiene un por qué, que por algo existe un plan de estudios. En algún momento hasta pensé en abandonarla, pero creo que en cuarto año terminó gustándome”.

¿De qué trataba el proyecto con el que viajaste a Italia?

“Yo trabajaba en el Parque Tecnológico de Misiones con gusanos de seda. Mi proyecto estaba orientado a la biomedicina. Las proteínas que se extraen de la seda de los gusanos son utilizadas para fabricar biomateriales. Se pueden aplicar para la regeneración de tejidos ya que la fibroína es única en la naturaleza en lo que se refiere a degradación y compatibilidad con el tejido humano”.  

¿Conocías algo de este país?

“No, no conocía Brasil, ni siquiera me llamaba la atención para venir de vacaciones”.

¿Y con qué te encontraste?

“Qué pregunta… Me encontré tan cerca de casa pero con una realidad totalmente diferente. Lo que más me sorprendió fue la amabilidad de la gente. La manera relajada que tienen para trabajar, para vivir. Son muy receptivos. Al principio, como buena argentina que soy, desconfiaba un poco. Tanta amabilidad era sospechosa.
Llevo seis meses acá y no ha cambiado nada. Las personas que conocí son excelentes. Mi grupo de cursada, los profesores, el respeto, el buen trato (tanto en el día a día como en el trabajo) y como le digo a mi gente: Llevo 6 meses acá y todavía no tengo de qué quejarme”.

¿Y cómo es el ambiente universitario?

“Se nota la diferencia de contenidos. La educación que recibimos en Argentina es muy buena. La formación de las Universidades Nacionales es muy fuerte, creo que eso se ve reflejado en la cantidad de jóvenes argentinos que son seleccionados para continuar su trabajo aquí. A mi parecer, el estudiante brasilero es muy pasivo, no va detrás de aquello  que no le enseñan en el aula, no consulta en clase ni participa demasiado.
En Argentina nos incentivan mucho a leer y a estudiar más allá de lo que se dicta en clase, a no quedarnos solo con lo que dice el profesor, a defender nuestras ideas y posturas siempre que tengamos fundamentos”.

¿Cuál es tu meta?

“La misma de siempre. Aportar mi granito de arena para que este mundo sea mejor. No importa en dónde lo haga. Antes deseaba volver a Argentina y devolverle un poco de todo lo que me brindó en cuanto a educación, pero lamentablemente no me dio posibilidades de desenvolverme como profesional allá.
El día que quedé seleccionada, me dio un dolor tremendo en el alma. ¿Cómo podía ser que otro país me brinde la oportunidad de continuar mi formación?… Desde ese entonces adopté la frase de una amiga SOY HIJA DEL MUNDO. Elegiría Florianópolis para radicarme definitivamente. Ya no me cuesta hacerme a la idea. Esta isla tiene magia”.

¿Qué es lo que más se extraña?  

“Todos dejamos un pedacito de nuestro corazón en la frontera. Se extraña mucho. Mis sobrinos por sobre todas las cosas, la familia y los amigos. Dejé una vida maravillosa allá para perseguir mis sueños, por eso duele tanto. Pero entiendo que el mundo gira, que todo evoluciona y que cada uno debe escribir su propia vida”.

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