| Lucía Acuña |
Lucía Acuña nació en Oberá, provincia de Misiones,
Argentina, un 17 de febrero de 1984.
Realizó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional Amadeo
Bonpland. Luego se radicó en la ciudad de Posadas donde empezaría a transitar los
complejos caminos de “Licenciatura en Genética”, carrera que cursó en la
Facultad de Ciencias Exactas, Químicas y Naturales dependiente de la
Universidad Nacional de Misiones.
Se recibió en 2011. En ese mismo año y ya trabajando para
el “Parque Tecnológico Misiones”, se presentó en un concurso del “Instituto
Italoamericano”. Éste, anualmente,
realiza una convocatoria orientada a profesionales latinoamericanos.
Lucía buscó un tutor, escribió su proyecto y se postuló. El resultado de su
esfuerzo se materializó en una beca por 4 meses en Italia, trabajando en uno de
los mejores institutos en ingeniería de tejidos.
Volvió a su país, con el deseo de poder aplicar todo lo que había aprendido en el exterior. Intentó hacer contacto con
investigadores para llevar adelante su proyecto, pero descubrió que nadie en Argentina
trabajaba con esos materiales. Nadie podía dirigirla.
Lucía no bajó los brazos. Consiguió que su tutora de
Italia le salga como directora para presentarse en el Conicet, sin embargo, cuestiones burocráticas
le impidieron siquiera entrar a concurso.
Esperó conseguir resultados hasta Noviembre de 2012,
mientras trabajaba como profesora de biología en un colegio secundario ya que
no tenía beca para llevar adelante su investigación. Fue en ese momento en que
se planteó firmemente la posibilidad de buscar afuera, el apoyo que no
encontraba en su tierra.
¿Cómo
llegas a Brasil?
“¿Brasil?
Todavía me pregunto qué hago acá, ja. Nunca se me había cruzado por la cabeza. Una
amiga, estaba haciendo en Florianópolis, la Maestría en Biología Celular y Desarrollo.
Ella me comentó que se estaba lanzando una convocatoria para ingresar al Laboratorio de Genética del Comportamiento de la UFSC. Asique, decidí escribirles y enseguida me
puse en contacto con quien hoy es mi orientador. Empezamos a hablar de las
líneas de investigación y me encantó, porque ellos hacen un abordaje biológico
del comportamiento, la mezcla perfecta entre psicología y biología. Era todo lo
que deseaba, asique me puse a estudiar para la prueba de selección. Rendí una
evaluación escrita de conocimientos generales del idioma más una de comprensión
de texto de inglés a portugués. También tuve una entrevista”. Para el 30 de
Enero de este año, ya estaba en Brasil”.
¿Cómo
te interesaste por la genética?
“En
realidad, debo reconocer que no estaba dentro de mis planes. Yo quería estudiar
psicología (es más, algún día estudiaré), pero en ese momento lo más cercano era
la Universidad Nacional de Rosario y por cuestiones económicas no podía
trasladarme hasta allí. Corría el año 2001 y la situación era realmente
complicada. Sin embargo yo sabía que quería ser una profesional. Con los números no me llevaba muy bien y la
historia, geografía y demás ramas de las ciencias sociales no me atraían.
Entonces de pronto, encontré la genética, que sonaba una carrera prometedora,
una cosa futurista. Imaginate, estaba todo el auge del genoma humano, era LA
CARRERA del momento y por eso la elegí, quizás sin saber dónde me metía, ja”.
“La
verdad que los primeros años fueron difíciles, porque como todas las carreras
tenía materias complejas, de las que, en su momento, uno se preguntaba ¿Para
que vemos esto? Pero cuando avanzas te das cuenta que todo tiene un por qué,
que por algo existe un plan de estudios. En algún momento hasta pensé en
abandonarla, pero creo que en cuarto año terminó gustándome”.
¿De
qué trataba el proyecto con el que viajaste a Italia?
“Yo
trabajaba en el Parque Tecnológico de Misiones con gusanos de seda. Mi proyecto
estaba orientado a la biomedicina. Las proteínas que se extraen de la seda de
los gusanos son utilizadas para fabricar biomateriales. Se pueden aplicar para
la regeneración de tejidos ya que la fibroína es única en la naturaleza en lo
que se refiere a degradación y compatibilidad con el tejido humano”.
¿Conocías
algo de este país?
“No,
no conocía Brasil, ni siquiera me llamaba la atención para venir de
vacaciones”.
¿Y
con qué te encontraste?
“Qué
pregunta… Me encontré tan cerca de casa pero con una realidad totalmente
diferente. Lo que más me sorprendió fue la amabilidad de la gente. La manera
relajada que tienen para trabajar, para vivir. Son muy receptivos. Al
principio, como buena argentina que soy, desconfiaba un poco. Tanta amabilidad
era sospechosa.
Llevo
seis meses acá y no ha cambiado nada. Las personas que conocí son excelentes.
Mi grupo de cursada, los profesores, el respeto, el buen trato (tanto en el día
a día como en el trabajo) y como le digo a mi gente: Llevo 6 meses acá y
todavía no tengo de qué quejarme”.
¿Y
cómo es el ambiente universitario?
“Se
nota la diferencia de contenidos. La educación que recibimos en Argentina es
muy buena. La formación de las Universidades Nacionales es muy fuerte, creo que
eso se ve reflejado en la cantidad de jóvenes argentinos que son seleccionados
para continuar su trabajo aquí. A mi parecer, el estudiante brasilero es muy pasivo,
no va detrás de aquello que no le
enseñan en el aula, no consulta en clase ni participa demasiado.
En
Argentina nos incentivan mucho a leer y a estudiar más allá de lo que se dicta
en clase, a no quedarnos solo con lo que dice el profesor, a defender nuestras
ideas y posturas siempre que tengamos fundamentos”.
¿Cuál
es tu meta?
“La
misma de siempre. Aportar mi granito de arena para que este mundo sea mejor. No
importa en dónde lo haga. Antes deseaba volver a Argentina y devolverle un poco
de todo lo que me brindó en cuanto a educación, pero lamentablemente no me dio posibilidades
de desenvolverme como profesional allá.
El
día que quedé seleccionada, me dio un dolor tremendo en el alma. ¿Cómo podía
ser que otro país me brinde la oportunidad de continuar mi formación?… Desde
ese entonces adopté la frase de una amiga SOY HIJA DEL MUNDO. Elegiría
Florianópolis para radicarme definitivamente. Ya no me cuesta hacerme a la
idea. Esta isla tiene magia”.
¿Qué
es lo que más se extraña?
“Todos
dejamos un pedacito de nuestro corazón en la frontera. Se extraña mucho. Mis
sobrinos por sobre todas las cosas, la familia y los amigos. Dejé una vida
maravillosa allá para perseguir mis sueños, por eso duele tanto. Pero entiendo
que el mundo gira, que todo evoluciona y que cada uno debe escribir su propia vida”.

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